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Investigaciones y estudios relacionados

¿Qué provoca el acoso escolar?

¿Qué provoca el acoso escolar?

La pregunta más habitual acerca del acoso escolar es qué lo provoca. La respuesta no es sencilla. ¿Es culpa del acosador o de la acosadora? ¿O tal vez de la víctima? ¿Del profesorado? ¿Del ambiente en la escuela? ¿De La sociedad? Lo que es seguro es que el acoso nunca está provocado por uno solo de estos elementos. Los factores que incrementan el riesgo de que alguna persona se convierta en un acosador/a o una víctima son conocidos. También se ha demostrado que el acoso tiene más probabilidades de producirse en unas clases que en otras. También hay diferencias entre escuelas, entre países, etc. En diferentes culturas, hay elementos diferentes que pueden incrementar el riesgo de sufrir acoso. Por ejemplo, en los países occidentales los niños tímidos y callados suelen sufrir más el acoso, mientras que en China estos niños suelen gozar de un alto estatus en su círculo de amigos. En este sentido, lo que se valora en cada cultura influye también en el fenómeno del acoso escolar.

¿Quién acosa y a quién?

Los estudios demuestran que los niños y niñas con determinadas características son más proclives a convertirse en acosadores. Algunos de estos niños pueden tener problemas graves en distintos apartados de su vida; puede que tengan una personalidad agresiva o que tengan dificultades a la hora de sentir empatía por los demás. Sin embargo, es importante comprender que los acosadores suelen ser niños y niñas buenos y bastante normales que, cuando se juntan, acaban siendo crueles con un miembro del grupo.

La visión actual es que una de las principales causas del acoso es la pretensión del acosador o acosadora de reforzar su estatus social o de ganar poder en el grupo. Los niños y niñas que acosan suelen tener la necesidad de que se les vea y se les escuche, de que se les admire y de ganar poder en el grupo. Por lo tanto, el objetivo del acoso suele ser una criatura o un adolescente inseguro, tímido, que tiene ya un estatus social bajo en el grupo o que tiene pocos o ningún colega. Al seleccionar este tipo de víctima, el acosador o acosadora se asegura de que el grupo no le haga frente para acabar con el acoso y se asegura una victoria sencilla. Por ello, es incorrecta la creencia habitual de que el acosador es un niño o niña que tiene problemas, con baja autoestima y que desahoga sus sentimientos negativos acosando. Hay menores que acosan por diversión, por impresionar a los demás o simplemente por falta de consideración.

Todas las personas podemos ser víctimas del acoso en algún momento. Los estudios han identificado determinadas características y rasgos que aumentan el riesgo de que un niño o niña o adolescente sea víctima del acoso escolar. Aquí se incluyen características visibles, como un físico anormal, tener demasiado/muy poco peso, torpeza o problemas de carácter como la timidez, la introversión y la impulsividad. Asimismo, el alumnado con problemas de aprendizaje también tienen un mayor riesgo de sufrir acoso. La timidez, la inseguridad y la baja autoestima son los indicadores más comunes de victimización futura. No obstante, solo se trata de un mayor riesgo, no la certeza de que la presencia de estas características vaya a desembocar en victimización en todos los casos y situaciones.

Pese a que las características mencionadas anteriormente pueden incrementar el riesgo de sufrir acoso, no quiere decir que sufrir acoso sea culpa o responsabilidad de las víctimas o de sus padres y madres. Las diferencias físicas, la timidez y la inseguridad no son fallos de la víctima, sino rasgos que merece que se le acepten. Asimismo, es importante hacer hincapié en que los resultados del estudio están basados en gran cantidad de datos de cientos de alumnos y alumnas. Las conclusiones que se extraen a la hora de estudiar a un gran número de estudiantes no tienen por qué aplicarse necesariamente a cada situación de acoso. En este sentido, los que no son especialmente tímidos o inseguros, o con una autoestima alta, también pueden ser víctimas del acoso.

Aunque muchos niños, niñas y adolescentes acosados son poco agresivos, retraídos y tímidos, también hay blancos que son agresivos. Esta agresividad incontrolada y fácilmente “activable” puede aumentar el riesgo de que se sufra acoso. Es posible que un pequeño número de víctimas sean también acosadores y acosadoras, por ejemplo, de otros niños más pequeños y débiles. A menudo, resulta especialmente complicado atajar el acoso de estos acosadores-víctimas. Debido a la propia agresividad y comportamiento nocivo de estos acosadores-víctimas, sus colegas de clase pueden comprender que se les acose, e incluso lo justifican.

Cuando se les pide a los niños o a las niñas que expliquen por qué acosan, suelen decir que la víctima es “demasiado molesta”, rara en situaciones sociales, “engreída”, que habla demasiado, etc. Sin embargo, es importante comprender que el acoso siempre es algo malo, que es irrespetuoso y que nadie lo merece. Si el comportamiento de alguien nos molesta o nos enfada, hay que decírselo; el acoso no es la solución.

Además de las características personales de cada individuo, hay otros muchos factores de grupo que influyen en el acoso. Se espera que la persona con el rol de acosador se comporte de cierta manera. En otras palabras, cuando alguien actúa en función de su rol, está respondiendo a las expectativas de otras personas. Por ejemplo, si el acosador o acosadora les da a todos “una demostración de acoso”, puede sentirse más dentro del grupo, y que está actuando de acuerdo a las expectativas de dicho grupo. Además de las expectativas de roles, los actos de acoso también se ven influidos por las normas a favor o en contra del acoso en la clase, y por la cultura general de la escuela. En determinadas clases o escuelas, se ha observado que los factores individuales específicos que pueden aumentar el riesgo de sufrir acoso no predicen la victimización después de todo. Es decir, que el acoso en estos casos puede ser el resultado de normas de grupo que lo respaldan, en lugar de oponerse a él. Por lo tanto, aunque determinados factores pueden incrementar el riesgo de victimización de parte del alumnado, no garantizan que vaya a sufrir acoso. Las normas dentro de un grupo (una clase o una escuela) son importantes a la hora de entender por qué se ha producido el acoso.

Cuando consideramos la influencia del grupo sobre los actos del acosador, el objetivo no es eliminar o reducir la responsabilidad de la persona (del acosador o acosadora) por sus acciones, sino ver el acoso escolar como un fenómeno en el que influyen otros factores más allá de las características individuales del que acosa. Estas cuestiones se abordarán en las lecciones de KiVa, pero también pueden hablarse en casa.

¿Qué le ocurre a la víctima? ¿Y al acosador o acosadora?

El acoso escolar es un riesgo para el desarrollo y el bienestar tanto de la víctima como del acosador o acosadora . El alumnado acosado, entre otras cosas, tiene más depresión y ansiedad que otros niños y niñas. Pueden tener miedo de ir al colegio y ven mermada su confianza en otras personas.

 

Si no se soluciona, el acoso puede suponer un riesgo también para quienes acosan. Es posible que la persona acosadora piense que puede realizar actos similares en el futuro sin sufrir ninguna consecuencia, y puede empezar a pensar que menospreciar a los demás es una buena forma de conseguir atención y poder en un grupo. En el peor de los casos, esta evolución puede darle problemas en su vida futura, como problemas en sus relaciones interpersonales, agresividad progresiva que puede desembocar en violencia, etc.

Si se permite que un niño o niña que acosa continúe con su comportamiento:

  • Su actitud y creencias con respecto al acoso y la violencia pueden volverse más positivas. Adoptará una actitud aún más irrespetuosa con respecto al resto y verá el hacer daño a otras personas como algo aceptable o incluso divertido.

  • Aprenderá a utilizar el acoso como un recurso para controlar las situaciones sociales. El acoso puede resultarle beneficioso; recibe atención, le da sensación de poder, impulsa su confianza, e incluso le hace sentir bien.

  • Por otra parte, el acosador o acosadora puede sentirse atrapado si no consigue cambiar su comportamiento. Aprende que nadie puede detenerle.

Según los estudios de seguimiento, los niños, niñas y adolescentes no dejan de acosar necesariamente al madurar. En este sentido, el acoso no se detiene por sí solo, y las criaturas que acosan con frecuencia tienen un mayor riesgo de convertirse en adultos proclives a un comportamiento agresivo y violento.

Aunque se aprecian determinadas características comunes

como agresividad o falta de empatía en algunos acosadores y acosadoras , los niños, niñas y adolescentes normales y corrientes también acosan y muestran un comportamiento desagradable con un miembro del grupo, en ocasiones por falta de consideración. Los niños y niñas que acosan a otros miembros suelen tener la necesidad de que se les vea y se les escuche, de que se les admire y de ganar poder en el grupo. Por ello, el blanco elegido para el acoso suele ser alguien inseguro, tímido, que tiene ya un estatus social bajo en el grupo o que tiene pocas o ningúna amistad . Uno no acaba siendo acosador, acosadora o victima únicamente por los rasgos individuales. Estos roles también se ven influidos por las expectativas de otros alumnos, alumnas y las normas de la clase. La persona que acosa puede sentir que es más aceptado en el grupo si ofrece un “espectáculo” divertido. La víctima sufre el acoso y, en su vida futura, puede dejarle consecuencias perceptibles como depresión y desconfianza en los demás. El acoso es un riesgo también para el acosador y la acosadora; ya que si su comportamiento no es atajado a tiempo, su desarrollo y su bienestar pueden estar en serio peligro.