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¿Qué es acoso escolar?
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¿Qué es acoso escolar?

¿Qué es acoso escolar?

Las riñas y discusiones no son acoso escolar

Los conflictos y las discusiones forman parte de las relaciones humanas y se producen cuando las personas tienen opiniones distintas o quieren cosas diferentes. Estamos tan centrados en alcanzar nuestras propias metas que, en ocasiones, no nos acordamos de tener en consideración los sentimientos de los demás. Y en una clase ocurre lo mismo. Que los niños, niñas y adolescentes resuelvan discusiones y diferencias no es algo malo en sí. Aunque estas discusiones puedan molestarnos en determinadas ocasiones, también nos enseñan métodos muy valiosos para gestionar las emociones y resolver conflictos. Las riñas y las discusiones se diferencian del acoso escolar en que normalmente son puntuales y momentáneas, y el blanco no es siempre la misma persona.

 

Tomar el pelo o jugar duro no es acoso escolar

Cuando se practica un juego, la intención no es la de hacer daño o insultar a los demás. Es importante que todos los individuos participantes reconozcan y acepten la actividad como un juego. Sin embargo, a veces las palabras y los hechos en una broma o un juego pueden hacer daño y molestar a alguien, y en esas ocasiones es necesario abordar la cuestión y pedir disculpas. En el futuro, ambas partes deberían evitar ese comportamiento que saben que hace daño al otro. A diferencia del acoso escolar, existe un ambiente de respeto y comprensión mutuos entre las partes que participan en actividades lúdicas.

A veces se escucha eso de “solo estamos jugando, no estamos en serio”. ¿Cómo debemos abordar esto? En primer lugar, deberá cerciorarse de que todos los participantes en la actividad sientan que es solo un juego. Si no está seguro, deberá hablarlo con los niños y niñas. En aquellas situaciones poco claras, puede hablar sobre la diferencia entre jugar y acosar, y hacer hincapié en que un juego debería ser divertido para todo el mundo.

 

El acoso es cuando se hace daño de manera reiterada y deliberada a alguien indefenso

El acoso es cuando se hace daño de manera reiterada y deliberada al mismo alumno o alumna. El perpetrador o perpetradora es una o varias personas ante las cuales la víctima tiene dificultades para defenderse.

Reiteradamente es cuando el mismo alumno o alumna es víctima una y otra vez de actos crueles y dañinos de otros. El acoso puede prolongarse durante varios cursos, de la escuela primaria a la secundaria. Deliberadamente significa que el propósito o el objetivos de los actos es herir, hacer daño o provocar sufrimiento. A veces, podemos hacer daño a alguien sin querer. En esas ocasiones, deberá resolverse la situación aunque no se considere un caso de acoso por definición. Decir que la víctima tiene dificultados para defenderse significa que, en cierto modo, hay un desequilibrio de poder o fuerza entre el acosador y la víctima. La víctima puede ser débil físicamente, muy tímida, o ser nueva en la clase y aún no ha adquirido un círculo de amigos que le proteja del acoso.

Según los estudios, el 10—20 % del alumnado de escuelas primarias y el 5—10 % de escuelas secundarias son objeto de acoso sistemático. Muchos de estos alumnos y alumnas no le cuentan a nadie que sufren acoso. A menudo, la razón de este silencio es el miedo a que el acoso vaya a más, o puede que lo haya contado en otras ocasiones y no le sirviera de ayuda. Admitir que tus iguales no te aceptan es difícil para cualquiera.

Comentarios bien intencionados, pero...

Además de afectar a la víctima, el acoso escolar afecta también al círculo de familiares, amigos y conocidos de la víctima. Una vez que el hecho sale a la luz, nos posicionaremos y nos esforzaremos para que la víctima se sienta mejor. ¡Genial! Sin embargo, a veces nuestros comentarios pueden empeorar la situación y crear aún más problemas. Algunas palabras que se dicen a la ligera pueden evocar sentimientos de vergüenza y culpa. A continuación, vemos ejemplos de comentarios que se pueden escuchar cuando se habla del acoso escolar.

“Yo también sufrí acoso en la escuela, pero no me afectó de ningún modo.”

Estas palabras suelen pronunciarse en un tono molesto, como si a la persona que las dice le siguieran molestando los hechos. Aunque el acoso no le afectara realmente, se plantea la duda de si fue realmente acoso o, por ejemplo, peleas entre dos personas o una discusión. Para un niño o niña que sufren acoso, un comentario así puede darle a entender que está minimizando su problema.

“No puedes dejar que te pisoteen.”

Defenderse es algo beneficioso, y es algo que se puede aprender y practicar, pero que sea algo que se deba aprender en una situación de acoso es otra cuestión. Acosar es hacer daño a alguien que está indefenso o en una posición más débil. Defenderse en una situación así es muy complicado, y a veces incluso imposible. Cuando se le dice a la víctima que se defienda, la responsabilidad de gestionar la situación recae completamente sobre sus hombros. Pedir ayuda no significa que uno no sea capaz de defenderse. Más bien es una muestra de valor y conocimiento propio en una situación donde nuestros recursos no son suficientes.

“El acoso forja el carácter y la capacidad de supervivencia en situaciones difíciles.”

Los estudios demuestran que los efectos a corto y largo plazo del acoso disminuyen la capacidad de las víctimas a la hora de lidiar con situaciones complicadas. El acoso merma la autoestima y la capacidad de confiar en los demás de la víctima. Por lo tanto, el acoso no mejora la capacidad de alguien para controlar las situaciones, y nadie debería recibir “lecciones de forja de carácter” en forma de acoso escolar. La personalidad y el carácter evolucionan y se desarrollan mejor en una interacción entre partes basada en la confianza y el respeto mutuos.

“Los palos y las piedras me pueden hacer daño, pero las palabras me resbalan.”

Las palabras sueltas que se pronuncian, por ejemplo, durante una discusión, se borran gradualmente de la memoria, pero el acoso verbal, que es reiterado y sistemático por naturaleza, siempre deja una marca. La fuerza destructiva de las palabras merma la autoestima y el autoconcepto de la víctima una y otra vez, lo cual supone un riesgo para su bienestar actual y futuro.

“Eso no es acoso. Son solo niños jugando y bromeando, no hay que enfadarse por un juego.”

El acoso es una manera cruel de hacer daño a alguien de manera verbal, física o indirecta. El acoso va más allá del juego. El propósito de los juegos y las bromas inocentes es divertirse juntos, no herir ni hacer daño a nadie.

¡Ayudar y respaldar a la víctima es algo primordial! Las personas que realizan comentarios como los mencionados anteriormente no parecen comprender la naturaleza básica del acoso y el efecto dañino que produce sobre la víctima. Sufrir acoso es una experiencia especialmente difícil por dos razones. En primer lugar, el acoso no es algo puntual u ocasional, sino una situación recurrente que puede prolongarse año tras año. En segundo lugar, el acoso no se produce fuera de la vida social de la clase. Para la víctima, normalmente supone una pérdida de dignidad en su clase y en su círculo de colegas.

El acoso se diferencia de las discusiones y los juegos en que el acoso es

  1. deliberado,

  2. reiterado y,

  3. en comparación con el acosador o acosadora, la víctima está indefensa o en una posición más débil.

Los comentarios de los demás pueden hacer que la víctima se sienta peor, especialmente si estos comentarios son insensibles y activan sentimientos de culpa y vergüenza. El acoso no es un juego inocente, no se sobrevive a él mediante la venganza, y no forja el carácter. El acoso es siempre una violación grave de los derechos de una persona y degrada su valía y dignidad humana. Sufrir acoso es un riesgo para el bienestar y el desarrollo futuro de la víctima.